domingo, 10 de diciembre de 2017

The town of lost souls.

Confieso que me quedé con ganas de comerte la boca. Que quizá por eso no paro de darle vueltas al momento en el que prefería darte una patada que lanzarme. Supongo que a ti te pasó lo mismo cuando preferiste decir que no te acordabas del motivo por el que habías ido a mi casa a decirme la verdad. Pero me molesta, me molesta profundamente tener la sensación de haber tenido la oportunidad de haber hecho algo y no haber hecho nada. Pero así son las cosas. Tonto tú, por no haberme confesado algo que estaba deseando oír y tonta yo, por haber pensado de más. Tontos los dos. Pero sobre todo tu orgullo y tu manía de no pillar las indirectas. Y yo y mi manía de andarme con rodeos y no decir las cosas claras, sobre todo cuando no quiero ser yo la que dé el primer paso. 

No sé qué pasará de aquí en adelante, si volveremos a tener uno de esos momentos en los que parece que hemos dejado algo a medias o simplemente seremos valientes y pondremos ambos las cartas sobre la mesa. Aunque quizá la única tonta aquí sea yo, viendo cosas donde no las hay...

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