domingo, 15 de mayo de 2016

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He creído ver que las heridas se curaban, que el tiempo pasaba y estas cicatrizaban dejando apenas un rasguño de recuerdo.
Hoy me he fijado mejor, he visto la herida más abierta que nunca. Ríos de sangre corrían por sus mejillas, como si no hubiese un mañana. Estaba débil, algo parecía estar matándola por dentro y nadie se había dado cuenta. 
Sus días eran grises y sus noches negras, sentía que se hundía con el mundo, que la tierra podía abrirse en cualquier momento bajo sus pies y llevársela con ella. Lo peor de todo es que la idea no le terminaba de desagradar.
Irse. Caerse. Hundirse en lo más profundo podía llegar a sonar tan bien. Podía llegar a sonar tan esperanzador que incluso le daba miedo. 
Quizá es que era eso lo que necesitaba, terminar de romperse para volver a reconstruirse. Quizá esa fuese la única manera de poder seguir adelante. 

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