martes, 13 de marzo de 2018

Al ancla que conseguí soltar.

Me cuesta cerrar ciclos, sobre todo si de vez en cuando vuelven los recuerdos de cosas que nunca acabé de entender. De "¿por qué pasó esto?" o "¿por qué paso esto otro?". Supongo que siempre he sido dada a buscarle la tercera pata a al gato y a buscarle sentido a todo lo que hay alrededor. Supongo que un puzzle a medio resolver no es para mí. 
Pero sé que pasará, que llegará un momento en el que deje de hacerme preguntas continuamente y siga a delante como si no hubiese pasado nada. Pero a veces, todavía me pregunto cosas como:
¿Por qué mentías? ¿Qué ganabas con ello? ¿Por qué? Sobre todo por qué, ¿qué necesidad tenías de hacerme daño y de romperme un poquito más cada vez? ¿Qué te hacía hacerlo? ¿Necesitabas creerte superior? ¿Sentir que yo estaba por debajo de ti? ¿Que me controlabas? 
Porque lo conseguiste, si querías anularme lo conseguiste, al menos durante un tiempo, hasta que me di cuenta, hasta que me cansé, hasta que no pude más. Hasta que las cadenas apretaban tanto que peleé con todo lo que pude para librarme de ellas. Y no, no lo siento si te hice daño, porque fue nada comparado con lo que tú hiciste. 
Me creaste miedos que no tenía. Sí, sé que ya tenía varios como el miedo a la soledad, el miedo a no encajar, a sentir que no importo. Y los fuiste empeorando, pero añadiste el miedo al futuro, el miedo a lo que vendrá. Cuando, joder, el futuro era una de las cosas que más me apasionaban, era algo lejano a lo que mejor dejar de lado y centrarse en el ahora. Supongo que ahora parece que vivo entre el mañana y el pasado por tu culpa, pero tranquila, también saldré de esto. No eres tan fuerte, ya no. Eres los restos de un parásito que mi cuerpo va echando poco a poco, hasta que no quede nada de ti.
Quizá un recuerdo agrio, lleno de lecciones que la verdad sea dicha, me han venido de maravilla. Siento que conecto más con la gente, que no me tengo por qué esconder y que si pasa algo malo pues bueno, cosas que pasan. En ese sentido has conseguido que mi vida se llene de paz, así que tranquila, no tardará el resto tampoco en hacerlo. 

Te preguntarás que por qué escribo esto (dudo que llegues a leerlo, dicho sea de paso). Necesitaba desahogarme, necesitaba sacar todas esas preguntas que me iban carcomiendo poco a poco y me apetecía hacértelas directamente. Aunque no las leas, simplemente necesitaba que saliesen de mí. 
Has sido una decepción tan grande. Y lo peor es que sigo sin entender qué hice yo para que me hicieses todo eso. Quizá pecar de ingenua, pecar de amable, pecar de empática. No lo sé. Y aunque ahora mismo mi mundo interior sea un caos sé que se acabará asentando. Que todo acabará sanando. 
Y este es el primer paso. Un primer paso para seguir adelante. Sin preguntarme porqués, sin intentar entender. Simplemente para avanzar de una vez por todas. 

 · YOU CAN'T KILL ME, UNDERSTAND THAT ·

lunes, 1 de enero de 2018

2017.

Nunca suelo hacer un balance del año, lo veía un tanto innecesario, ¿de qué servía ver todo lo que ha pasado si ya está? Pero la gente cambia, y este año en concreto me ha cambiado mucho. 
Empecé el año con una depresión y una ansiedad que no era capaz ni de tenerme en pie y acabo el año feliz. Sonriendo por todo y todos los que tengo alrededor, es una sensación muy extraña. No nos engañemos, la depresión y la ansiedad siguen acechando de vez en cuando, pero soy capaz de coger las riendas y de no dejarlas llevarme donde quieren.
Este año ha sido, en parte, un año de descubrirme de nuevo. He vuelto a poner en orden mis ideas, en ver qué quiero y qué no. Pero sobre todo de valorarme y ponerme por delante. Supongo que después de tantos golpes una acaba aprendiendo. 
También he aprendido que por muchas corazas que te pongas y un impenetrable siempre hay alguien que va a conseguir romperlas y si esa persona te quiere hacer daño te lo va a hacer, por mucho que te haya costado quitártelas. Así que, hacedme caso, no sirve de nada tener murallas a tu alrededor. Deja que la gente te conozca, harás un millón de amigos nuevos. Bueno, quizá no tantos, pero seguro que conoces a muchísima más gente (a mí me ha pasado). Así que supongo que en parte tengo que dar las gracias a la persona que me rompió, porque ha conseguido que vuelva a recomponerme, y esta vez entera. No ha trocitos como hice la última vez. Supongo que esta vez tengo un colchón más amplio de gente en la que apoyarme y eso me ha dado suficiente valor como para saber recomponerme de una vez por todas. 
Creo que pese a todo, pese a los momentos malos (que han sido muy malos) ha sido un gran año, sobre todo el final. Supongo que tal como empezó el año solo podía ir mejor y lo bueno es que lo fue. 
Mi vida ha tenido muchos cambios, unos muy grandes y otros no tanto, pero cambios que desde luego me han afectado y me han ido moldeando en lo que soy ahora. Empecé el año pensando que necesitaba que todo terminase de una vez y lo acabo pensando en que no veo el momento en que pasen los días para ver a las amigas y la gente que tengo ahora mismo lejos de mí. En Donosti, en Barcelona o en el pueblo. 
He conocido gente nueva, he recuperado gente que nunca pensaba recuperar y me he hecho más amiga de aquellos que ya eran cercanos. Pero también he perdido gente por el camino, gente que pensaba que no perdería nunca, pero bueno, supongo que la vida es así. Además, el tiempo me ha demostrado que estoy mejor sin ellos. Más feliz, más tranquila. 
Así que nada, supongo que esto acaba aquí. 
Feliz año 2018, espero que os traiga muchas cosas nuevas y buenas. 
Nos leemos pronto.

martes, 12 de diciembre de 2017

Run.

El silencio inunda el ambiente. Ella suspira, lleva tiempo deseando sentirse libre y aquel sitio se lo permite. Respira profundamente mientras deja envolverse en los brazos de la noche. Sonríe. 
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Camina lentamente por uno de los senderos del parque que conoce tan bien como la palma de su mano. Avanza a pasos firmes disfrutando del paisaje. El lugar la envuelve, hay un gran campo a su alrededor y árboles a los laterales del camino. Sigue andando, sin parar, pero con la calma de quien disfruta lo que está haciendo. 
Hace frío y se revuelve en su abrigo. Una tenue niebla empieza a posarse a su alrededor, creando un paisaje más bonito si cabe que el anterior. Sonríe de nuevo. Solo hay calma, no hay nada que pueda romperla. Llega a un tramo del camino donde tiene árboles a ambos lados y aunque ha recorrido miles de veces dicho camino algo se siente distinto esa vez. 
Se detiene unos segundos. Observa a su alrededor, hay algo que no encaja pero no sabe distinguir qué es. Avanza esta vez más rápido, apremia sus pasos. Se siente observada, como si los árboles la estuviesen vigilando. Como si alguien la estuviese vigilando. Mira hacia atrás pero allí no hay nadie. Solo oscuridad y niebla. 
Saca las llaves de su bolsillo y decide jugar con ellas para distraerse. No puede haber nadie, no ha visto a nadie en toda la noche. Intenta relajarse y distraerse pensando en todo lo que sucedió el año anterior mientras escucha de fondo el repiqueteo que va creando. Sonríe. 
Las llaves caen al suelo en un golpe seco, la niebla acaba por espesarse y la oscuridad termina por absorber lo ocurrido. 

domingo, 10 de diciembre de 2017

The town of lost souls.

Confieso que me quedé con ganas de comerte la boca. Que quizá por eso no paro de darle vueltas al momento en el que prefería darte una patada que lanzarme. Supongo que a ti te pasó lo mismo cuando preferiste decir que no te acordabas del motivo por el que habías ido a mi casa a decirme la verdad. Pero me molesta, me molesta profundamente tener la sensación de haber tenido la oportunidad de haber hecho algo y no haber hecho nada. Pero así son las cosas. Tonto tú, por no haberme confesado algo que estaba deseando oír y tonta yo, por haber pensado de más. Tontos los dos. Pero sobre todo tu orgullo y tu manía de no pillar las indirectas. Y yo y mi manía de andarme con rodeos y no decir las cosas claras, sobre todo cuando no quiero ser yo la que dé el primer paso. 

No sé qué pasará de aquí en adelante, si volveremos a tener uno de esos momentos en los que parece que hemos dejado algo a medias o simplemente seremos valientes y pondremos ambos las cartas sobre la mesa. Aunque quizá la única tonta aquí sea yo, viendo cosas donde no las hay...

sábado, 2 de septiembre de 2017

Just Friends.

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Se me hace raro hablar contigo todos los días. Se me hace raro ver tu «Buenos días», pero parece que siempre ha estado ahí cuando llevamos años sin saber prácticamente nada el uno del otro. Se me hace raro volver a hablar contigo, se me hace raro volver a confiar en ti, volver a contarte mis mierdas y mis comidas de olla como si nunca hubiese dudado de ti.
Pero también tengo miedo, tengo miedo de que todo vuelva a cambiar de una día para otro. Tengo miedo de que vuelvas a alejarme y a hacerme daño por el camino. Tengo miedo de que llegue el día en que decidas que todo te vuelve a dar igual. Tengo miedo de que vuelvas a usar mis cosas contra mí. Tengo miedo y no puedo evitarlo.
Pero centrémonos en el ahora. Centrémonos en los buenos días. En las cosas de las que hablamos. En las tonterías que nos contamos, solo por el hecho de hablar de algo ese día. Se me hace taaan raro, no puedes ni imaginártelo. Pasar de no hablar a hablar por hablar, por sentir que el otro está ahí. Que te escucha y te apoya sin importar el qué.
Echaba taanto de menos eso contigo y pensaba que nunca lo volvería a tener... Supongo que el tiempo pasa y las cosas cambian. Todo cambia. Supongo que en esta nueva etapa nos volvemos a necesitar el uno al otro, luego el tiempo dirá. 

martes, 29 de agosto de 2017

Gracias.

Hoy doy gracias por esas noches hasta las mil hablando. 
Por las noches que se convirtieron en mañanas. 
Por aquellos a los que he redescubierto. 
Por las risas. 
Por las fiestas. 
Por los bajones. 
Por la amistad.
Por los abrazos. 
Por las canciones.
Por la unión.
Por los amaneceres.
Por el drama.
Por las historias que no se pueden contar. 
Por haberme abierto un poquito más. 
Por confiar. 
Por todas las primeras veces.  
Por las noches borrosas. 
Por los días dormida. 
Por los recuerdos. 
Por ti. 
Por mí. 
Por nosotros. 
Gracias.  

viernes, 19 de mayo de 2017

Ella y el Taj.

Puso un pie sobre el mármol y un escalofrío recorrió su cuerpo. Había soñado con ese momento durante mucho tiempo, había ansiado que ocurriese, nunca había imaginado que se pudiese hacer realidad.
Ya tenía un pie sobre el mármol y creía que iba a desfallecer allí mismo, pero la calma corrió por su cuerpo. Solo podía sonreír y mirar a su alrededor como si no tuviese otra cosa que hacer. Era la maravilla más hermosa que había visto nunca. Los ojos se le llenaron de lágrimas al ver cómo la luz incidía sobre el edificio. Las piedras preciosas reflejaban el sol y las hacía cambiar de color, era un momento mágico.

Nunca había pensado que con quince años llegaría a estar en la escalinata del Taj mirando embobada toda su estructura. Eran tan majestuoso que se sentía diminuta a su lado. Había oído la historia de amor que rodeaba su construcción, pero no era la historia lo que le imponía, lo que le transmitía esa emoción, era el edificio. El Taj era el que se encargaba de transmitir la magia de la historia, la calma, la emoción… Era el lugar perfecto, era incluso mejor de lo que nunca había imaginado.
Fuente
Tras armarse de valor y subir todas las escaleras que conducían al rellano no pudo evitar agacharse y tocar el suelo. Estaba allí de verdad, no era un sueño. El mármol enfrió su mano y ella no pudo evitar sonreír, seguía sin creer que se encontraba a los pies del edificio. 
El guía finalmente hizo que reaccionase y se la llevó dentro del Taj, no era algo que esperaba encontrar y tan pronto como puso un pie en su interior olvidó la voz del guía por completo. Sus instintos la guiaron por todo el interior, tocó la pared como si nunca hubiese visto una pared en su vida — aunque en su defensa tengo que decir que la pared tenía gemas incrustadas y eso no es algo que veas todos los días — tocó todo lo que tenía a su paso, hasta que tras ver un hueco, se coló entre la gente y pasó a ver la tumba de los amantes de la historia. Una tumba al lado de otra, ambos descansando, allí en mitad de tan grandioso edificio. Unos amantes que la historia y el Taj se negaban a olvidar. 
Después de haber pasado un buen rato diseccionando su interior volvió a salir siguiendo al guía que había perdido cuando entró. Las torres eran tan majestuosas como parecían, llegaban tan alto como el edificio central del Taj y aunque todo el mundo se empeñase que el Taj solo era el centro, las torres y los edificios de al lado también formaban parte él. Estaban igual de trabajados o incluso más que el edificio principal. Tras prestar atención al guía descubrió que las torres tenían cierta inclinación hacia fuera por si pasaba cualquier cosa no cayesen hacia el edificio central. Intentó desde todos los ángulos ver ese desnivel en las torres, pero no pudo conseguirlo, no parecía en absoluto que estuviesen torcidas. 
Finalmente dirigió su vista al paseo por el que había venido. Los jardines que había recorrido para llegar hasta allí se alzaban ante ella. Las fuentes en funcionamiento salpicaban agua a su alrededor, la gente reía, corría, saltaba, sacaba fotos… Era un paraíso en mitad la nada. Un paraíso oculto para aquellos que no podían permitirse el lujo de visitarlo. 
Los indios se aglomeraban en una fila interminable para poder acceder a su interior, toda India conocía el tesoro de mármol que escondía su tierra y la visita al monumento era indispensable. Varios de ellos miraban a la chica asombrados. Una niña blanca en mitad de su monumento, con cara de asombrada y ojos llorosos. Cualquiera pensaría que lo estaba disfrutando más ella que la gente que esperaba a su alrededor. Y quizá lo hacía, su magia la había envuelto. 
Tras respirar profundamente cerró los ojos y se sentó en el suelo, toda la gente de su alrededor desapareció y se quedó allí sola, sentada, en calma, sin ninguna preocupación, sin ningún otro sitio que visitar. Solo ella y el Taj. La magia del lugar consiguió inundarla de sentimientos que no tardaron en brotar, los ojos se le fueron aguando y no tardó en llorar de emoción. Aquel lugar, su historia, el momento que ella estaba viviendo, todo. Todo floreció de repente dentro de ella y no pudo evitarlo, aquello le llegó al corazón.
Bastante más tarde, su padre le acarició el hombro suavemente, había llegado el momento de inmortalizar la visita, las fotos se sucedieron una tras otra, una con el edificio central, otra con las torres, otra con el jardín de fondo, otra subida en una de los laterales, otra con uno de los edificios adyacentes, otra con su padre, otra  fingiendo que cogía el Taj… Y por supuesto cada foto repetida tres o cuatro veces con distintas posturas. Pero nada de eso le hizo olvidar el pequeño momento que vivió sola allí sentada, disfrutando de las vistas y de la calma que le transmitía el lugar.
Hoy he vuelto allí, he estado allí sentada de nuevo, a los pies del Taj, he vuelto a recorrer su interior, he vuelto a tocar las paredes como lo hice años atrás, he vuelto a recordar su historia, la gente que se agolpaba a su alrededor, los indios mirando cómo sonreía y daba vueltas maravillada de un lado a otro. Hoy he vuelto allí y he recordado su magia, he recordado estar bajo el umbral de la entrada y se me ha vuelto a poner la piel de gallina. He vuelto a olvidarme de prestar atención a las explicaciones del guía mientras recorría con la mirada aquel grandioso edificio. He vuelto a sentirme pequeña, he vuelto a llorar. He vuelto a recorrer los jardines desesperada por poner el pie sobre el mármol, sobre la paz que sintió al poner un pie allí. 


Hoy he vuelto allí, el Taj sigue tal como lo recordaba, ha perdido algún brillo con el paso del tiempo pero sigue igual. Sigue teniendo esa magia que lo envuelve, esa calma, esa sensación de estar en casa. Se volvían a encontrar una vez más, volvían a ser ella y el Taj.

sábado, 1 de abril de 2017

Bandera blanca.

Dicen que el camino es algo que vamos construyendo a medida que avanzamos, que no hay nada establecido y que todo puede cambiar en un segundo.

Nunca me ha dado miedo el futuro, nunca he pensado qué me depara o qué pasará de aquí a unos años. Últimamente no dejo de pensarlo.
No sé si estoy dando pasos en falso, luchando por algo imposible o por algo que simplemente no acabará saliendo bien. No sé si soy la única que lo está apostando todo.
A veces pienso que estoy siendo idiota aferrándome a algo que cada vez se vuelve más difuso, como esa pequeña nube que surca el cielo buscando un lugar mejor sobre el que caer. Otras veces creo que merece la pena luchar con uñas y dientes, dejarse la piel. 
Hoy he visto que no hay nada por lo que luchar, parece que todo estaba dicho desde un principio y que las reglas del juego habían cambiado en algún punto que no he sabido ver.
Hoy me he dado cuenta de que me he ido desgarrando poco a poco, que he perdido pedacitos de mí por el camino y dudo que vuelva a encontrarlos.
Hoy ha vuelto a doler, quizá incluso más que otras veces, pero no tengo ganas de luchar más, solo quiero dejarme ir. Para bien o para mal, ya me da igual.

martes, 13 de diciembre de 2016

Si tuviese que explicarlo...

...te diría que es como una armadura de la que no puedes escapar, es como si algo te estuviese reteniendo y por mucho que luchases no pudieses salir de ahí. Es algo que te quita cada vez más fuerzas, y sin ellas tienes que luchar contra esa coraza que te recubre. Es prácticamente imposible.

Fuente
Es como si lo vieses todo a través de un cristal negro, desde el que tú puedes ver pero nadie puede verte. Es como ver el mundo en tonos negros día tras día, todo oscuro, apagado, sin luz alguna que permita filtrar algo de esperanza. Además, es como si sólo pudiesen pasar cosas malas a través de él, esas cosas que van llenando la pecera en la que estás metido hasta que acabas por ahogarte. ¿Y cómo no convertirse en algo a lo que los demás odian si te odias a ti mismo? Odias todo lo que haces, dices, sientes, piensas... Todo está mal, no hay nada bien. Son esas cosas con las que te has ido alimentando a lo largo del tiempo y que poco a poco parecen volverse más reales. Una mentira se vuelve verdad cuando empiezas a creer en ella, dicen. Así que ahí estás, ahogándote en un montón de mentiras o medias verdades que crees a pies juntillas. Que eres así, que no vales nada y que no sirves para nada. Que nadie te puede querer, que no eres más que un chicle pegado en el zapato de alguien.

Es como ese mundo paralelo a la realidad que aparece en Stranger Things. Es ese mundo oscuro, lleno de monstruos, del que tienes que salir corriendo pero no encuentras salida. Es un mundo lleno de terror, de desesperación y de abandono. Es todo lo que esperas no encontrar nunca. Y estás allí en medio, solo, sin nada con que protegerte. Esperando, pero tampoco sabes muy bien a qué, quizá, a que pase algo, a que algo cambie, a que alguien te saque de allí. Algo. 

Fuente
Es como una página en blanco, una que tienes miedo de emborronar, de no saber si llenarla o dejarla vacía. La incertidumbre de no saber si los errores que vas a cometer en ella valdrán la pena o te arrepentirás de ellos el resto de tu vida. De no saber muy bien qué hacer con esa hoja. Dibujar. Escribir. Hacer rayas. No hacer nada. Hay tantas opciones que parecen hacerte desfallecer, tanteas todas las posibilidades una y otra, y otra, y otra, y otra... vez, pero nunca te decides por ninguna. Simplemente crees que algún día, quizá, te armarás de valor para coger el lápiz. Simplemente eso, coger el lápiz que sigue descansando en la mesa.

Es como si cogieses un libro en un idioma que no conoces y tratases de entenderlo. Es como aprender a ser de nuevo, sin pistas, sin guiones, sin ayudas. ¡Búscate la vida! Búscate la vida... si fuese taaan fácil. Y das vueltas, y vueltas, y vueltas, pero no sabes qué es lo que estás buscando, no sabes por dónde empezar. Ni siquiera sabes si tienes el libro del derecho o del revés. Vas a ciegas, lo juegas todo, no hay medias tintas; sabes que ganar es muy difícil y que es más probable que pierdas a que ganes. 

Pero ahí sigues, tratando de romper la coraza, intentando que se filtre ese rayito de luz que marque la diferencia, plantándole cara a esos monstruos que te vas encontrando, decidiéndote a coger el lápiz y tratando de averiguar cómo narices recomponerte. Y sabes que no es fácil, que a veces quieres dejar de seguir luchando, que quizá todo sea mejor si simplemente te dejas llevar por la oscuridad, pero sigues luchando. Cómo aquel que sabe que va a morir pero lucha hasta el último momento, hasta el último suspiro, hasta que la última gota cae al suelo. Aunque no se note, aunque parezca que ya te has rendido y que todo te da igual. Sigues luchando hasta el final independientemente de cuál sea.