sábado, 1 de abril de 2017

Bandera blanca.

Dicen que el camino es algo que vamos construyendo a medida que avanzamos, que no hay nada establecido y que todo puede cambiar en un segundo.

Nunca me ha dado miedo el futuro, nunca he pensado qué me depara o qué pasará de aquí a unos años. Últimamente no dejo de pensarlo.
No sé si estoy dando pasos en falso, luchando por algo imposible o por algo que simplemente no acabará saliendo bien. No sé si soy la única que lo está apostando todo.
A veces pienso que estoy siendo idiota aferrándome a algo que cada vez se vuelve más difuso, como esa pequeña nube que surca el cielo buscando un lugar mejor sobre el que caer. Otras veces creo que merece la pena luchar con uñas y dientes, dejarse la piel. 
Hoy he visto que no hay nada por lo que luchar, parece que todo estaba dicho desde un principio y que las reglas del juego habían cambiado en algún punto que no he sabido ver.
Hoy me he dado cuenta de que me he ido desgarrando poco a poco, que he perdido pedacitos de mí por el camino y dudo que vuelva a encontrarlos.
Hoy ha vuelto a doler, quizá incluso más que otras veces, pero no tengo ganas de luchar más, solo quiero dejarme ir. Para bien o para mal, ya me da igual.

martes, 13 de diciembre de 2016

Si tuviese que explicarlo...

...te diría que es como una armadura de la que no puedes escapar, es como si algo te estuviese reteniendo y por mucho que luchases no pudieses salir de ahí. Es algo que te quita cada vez más fuerzas, y sin ellas tienes que luchar contra esa coraza que te recubre. Es prácticamente imposible.

Fuente
Es como si lo vieses todo a través de un cristal negro, desde el que tú puedes ver pero nadie puede verte. Es como ver el mundo en tonos negros día tras día, todo oscuro, apagado, sin luz alguna que permita filtrar algo de esperanza. Además, es como si sólo pudiesen pasar cosas malas a través de él, esas cosas que van llenando la pecera en la que estás metido hasta que acabas por ahogarte. ¿Y cómo no convertirse en algo a lo que los demás odian si te odias a ti mismo? Odias todo lo que haces, dices, sientes, piensas... Todo está mal, no hay nada bien. Son esas cosas con las que te has ido alimentando a lo largo del tiempo y que poco a poco parecen volverse más reales. Una mentira se vuelve verdad cuando empiezas a creer en ella, dicen. Así que ahí estás, ahogándote en un montón de mentiras o medias verdades que crees a pies juntillas. Que eres así, que no vales nada y que no sirves para nada. Que nadie te puede querer, que no eres más que un chicle pegado en el zapato de alguien.

Es como ese mundo paralelo a la realidad que aparece en Stranger Things. Es ese mundo oscuro, lleno de monstruos, del que tienes que salir corriendo pero no encuentras salida. Es un mundo lleno de terror, de desesperación y de abandono. Es todo lo que esperas no encontrar nunca. Y estás allí en medio, solo, sin nada con que protegerte. Esperando, pero tampoco sabes muy bien a qué, quizá, a que pase algo, a que algo cambie, a que alguien te saque de allí. Algo. 

Fuente
Es como una página en blanco, una que tienes miedo de emborronar, de no saber si llenarla o dejarla vacía. La incertidumbre de no saber si los errores que vas a cometer en ella valdrán la pena o te arrepentirás de ellos el resto de tu vida. De no saber muy bien qué hacer con esa hoja. Dibujar. Escribir. Hacer rayas. No hacer nada. Hay tantas opciones que parecen hacerte desfallecer, tanteas todas las posibilidades una y otra, y otra, y otra, y otra... vez, pero nunca te decides por ninguna. Simplemente crees que algún día, quizá, te armarás de valor para coger el lápiz. Simplemente eso, coger el lápiz que sigue descansando en la mesa.

Es como si cogieses un libro en un idioma que no conoces y tratases de entenderlo. Es como aprender a ser de nuevo, sin pistas, sin guiones, sin ayudas. ¡Búscate la vida! Búscate la vida... si fuese taaan fácil. Y das vueltas, y vueltas, y vueltas, pero no sabes qué es lo que estás buscando, no sabes por dónde empezar. Ni siquiera sabes si tienes el libro del derecho o del revés. Vas a ciegas, lo juegas todo, no hay medias tintas; sabes que ganar es muy difícil y que es más probable que pierdas a que ganes. 

Pero ahí sigues, tratando de romper la coraza, intentando que se filtre ese rayito de luz que marque la diferencia, plantándole cara a esos monstruos que te vas encontrando, decidiéndote a coger el lápiz y tratando de averiguar cómo narices recomponerte. Y sabes que no es fácil, que a veces quieres dejar de seguir luchando, que quizá todo sea mejor si simplemente te dejas llevar por la oscuridad, pero sigues luchando. Cómo aquel que sabe que va a morir pero lucha hasta el último momento, hasta el último suspiro, hasta que la última gota cae al suelo. Aunque no se note, aunque parezca que ya te has rendido y que todo te da igual. Sigues luchando hasta el final independientemente de cuál sea. 

domingo, 30 de octubre de 2016

¿QUÉ PASA?

Necesito desahogarme, aquí y ahora.
Estoy rota y cada día lo estoy un poco más. Parece que me recupero y cuando pienso que estoy bien vuelvo a hundirme.
Me da miedo todo cuando antes nada me daba miedo.
Me da miedo el futuro, quedarme sola, no ser suficiente... Cada día que pasa mis miedos aumentan un poco más y siento que me ahogo entre ellos. Cada vez me vuelven más débil y no veo la luz al final del túnel.
Fuente
Muchas veces he pensado en tirar la toalla, en rendirme, en dejar que todo pueda conmigo y ya está. En volver a esconderme bajo las sábanas y distraerme para no pensar en nada que me haga sentir como ahora. En crear una nueva burbuja que aplaque este dolor.
Siento que estoy rota y cada día lo estoy un poco más. Me da pánico. Pánico.
¿Y qué pasa si no consigo ser suficiente?
¿Qué pasa si me quedo sola o si no tengo a nadie en quién apoyarme?
¿Qué pasa si me da miedo lo que pueda pasar?
¿Qué pasa si me acabo hundiendo?
¿Qué pasa? Porque no lo sé y me está matando.
Está acabando conmigo este puto mar de incertidumbres, de posibilidades que no tienen por qué ocurrir, pero una simple posibilidad basta para que me ponga en lo peor.
¿Y qué pasa si me boicoteo a mí misma? Si decido que es el fin y que hasta aquí hemos llegado. Que un agujero es mucho más cómodo que cualquier otra cosa.
¿Qué pasa si decido que todo da igual, que nada importa y que todo seguirá siempre igual?
¿Qué pasa?
Estoy rota y no veo cómo arreglarme.
No veo cómo echar o apaciguar esos miedos que me invaden, me atormentan y me hunden.

Y joder, me duele que metan el dedo en la llaga, que jueguen como si nada importase. Como si fuese un puto muro de piedra sin sentimientos.
¿TENGO SENTIMIENTOS VALE? Me estás hundiendo, ¿no lo ves?
Que si no eres esto, que si no eres lo otro, que si no eres lo de más allá. YA SÉ QUE NO LO SOY, DEJA DE RECORDÁRMELO.
Soy una borde de mierda, me gusta estar a mi bola y a su vez pendiente de los demás, me gusta más vivir las historias de los demás que vivirlas yo, estropeo más cosas de las que arreglo, no me fijo en las consecuencias, simplemente hago y si sale bien, bien, sino pues nada, soy un puto desastre, no puedo evitarlo.
Pero deja de decírmelo una y otra vez, no puedo ser como tú quieras que sea, simplemente no puedo.
Ya sé que hay gente espera de mí cosas que no puedo darles, pero eso no quita que no me importen y que no quiera dárselo, simplemente no puedo por cómo soy, y me haré mil líos antes de tener nada claro.
Y sí, puedo hacer daño a los demás, pero no lo hago a propósito. Piensa que si hago daño a alguien sin querer es porque antes me lo he estado haciendo a mí mucho más tiempo.
No puedo evitar ser quién soy, tanto para bien como para mal. Y ahora mismo todo me supera, todo me parece un mundo. Siento que no voy a conseguir absolutamente nada y que el mundo se me va a comer y no puedo hacer nada para impedirlo. El miedo me tiene paralizada.

(Esta entrada fue escrita el 26 de julio de 2106, pero creo que iba siendo hora de publicarla)

martes, 14 de junio de 2016

Ella y él.

Él leía a escondidas, como quien esconde un tesoro bajo miles de trampas con la esperanza de que nadie se lo quite o lo encuentre.
Ella leía por las esquinas, deseaba compartir esas historias con los demás. Conocer distintos puntos de vista, aunque tampoco les prestase mucha atención.
Él escondía el libro bajo la almohada cuando alguien aparecía y ella lo comentaba emocionada el tiempo que la otra persona se parase a escuchar. 
Ella miraba a escondidas cómo el disfrutaba leyendo.
Él la hacía rabiar quitándole el libro.
Ella gruñía y él se reía.

Un día ella se sentó a leer en el sofá. Leía su libro favorito, uno con historias del revés o con barcos que alzaban el vuelo, nunca me quedó claro. Él se sentó a su lado. La miraba de reojo. Ella era como un libro abierto. Él leía el libro en sus expresiones, sabía si le estaba gustando o no, si se emocionaba o si algo le enfurecía.
Sonrió. Y sacó un libro que había bajo el cojín. Ella estaba devorando el libro, estaba tan dentro que no se percató de lo que ocurría a su alrededor.
Él se puso a leer tranquilamente.
Ella alzó la vista y lo vio leyendo.
Él no se dio cuenta.
Ella siguió leyendo, fingió que no se había dado cuenta.
Él volvió a esconder el libro tras leer la última página.
Ella soltó un pequeño suspiro cuando acabó el libro y lo cerró.
Él le dio un beso en la mejilla. 
Ella sonrió.
- ¿Has acabado el libro? - dijo ella.
- ¿De qué libro hablas? - dijo él.

domingo, 15 de mayo de 2016

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He creído ver que las heridas se curaban, que el tiempo pasaba y estas cicatrizaban dejando apenas un rasguño de recuerdo.
Hoy me he fijado mejor, he visto la herida más abierta que nunca. Ríos de sangre corrían por sus mejillas, como si no hubiese un mañana. Estaba débil, algo parecía estar matándola por dentro y nadie se había dado cuenta. 
Sus días eran grises y sus noches negras, sentía que se hundía con el mundo, que la tierra podía abrirse en cualquier momento bajo sus pies y llevársela con ella. Lo peor de todo es que la idea no le terminaba de desagradar.
Irse. Caerse. Hundirse en lo más profundo podía llegar a sonar tan bien. Podía llegar a sonar tan esperanzador que incluso le daba miedo. 
Quizá es que era eso lo que necesitaba, terminar de romperse para volver a reconstruirse. Quizá esa fuese la única manera de poder seguir adelante. 

miércoles, 11 de mayo de 2016

Paper boat.

Iba a la deriva en un mar que no conocía. Un mar que parecía secarse a medida que pasaban los días, pero en el que no dejaba nunca de llover. 
El viento soplaba tan fuerte que más que surcar los mares parecía que surcase el cielo, como aquel barco perdido en la segunda estrella a la derecha del que nunca más se llegó a saber.
Estaba perdido en mitad de la nada, como quien pierde un grano de arena en la playa o una estrella en el cielo. 
No entendía aquel sitio, parecía querer engullirlo y dejar las espinas a la orilla del plato.
Parecía que se burlaba de él, como si aquella tormenta únicamente fuese una nube negra sobre su cabeza, como si todos los males estuviesen solo dentro de él.

Quizá por eso el mar se secaba pese a que lloviese todos los días.
Quizá por eso el viento soplaba tan fuerte que le hacía trastabillar.
Quizá por eso se sentía como una árbol en medio del bosque.
Quizá por eso se sentía un pez a medio comer.

El miedo lo paralizaba,  había perdido su brújula y ya no sabía adónde se dirigía. El sur mostraba los tonos oscuros del norte y el norte los tonos claros del sur, no había forma de estar seguro de hacia dónde ir. Lo que parecía una opción obvia dejaba de serlo segundos más tarde.
Era un mar de dudas, un mar de preguntas sin respuesta y respuestas sin pregunta. Era el vacío al que iban las preguntas no formuladas y las preguntas que siempre nos arrepentimos de haber hecho. Era ese tipo de mar del que no había salida si no era ahogado.

Un mar que empezó siendo un charco en el que jugaba un pequeño barquito. Y en el que se acabó ahogando.

lunes, 14 de marzo de 2016

Fell apart.

Era la figurita más preciada de mamá, esa que se encontraba en lo alto del armario y no se podía casi ni mirar. Bastaba pasar corriendo delante del mueble para que se pusiese hecha una fiera pensando que podía llegar a caerse. Era la figurita preciada de mamá, estaba tan alta que solo ella podía llegar a tocarla y ni ella lo hacía.
Un día unas manitas curiosas treparon por el mueble. Buscaban aquel precioso objeto que veían centellear desde abajo. El problema es que estas manitas eran muy pequeñas y bastó poner un dedo encima de ella para que la figura se tambalease. La bonita figura se deslizó entre sus manos el tiempo que tardó en parpadear y se hizo añicos en el suelo. 
Se quedó mirando hacia abajo con horror, esperando que volviese a recomponerse como por arte de magia, pero no lo hacía. Estaba rota y no había forma de recomponerla. Los pequeños trozos de cristal se esparcían por el suelo, cada uno había seguido su propia dirección sin ningún orden ni concierto, aquello era como una carnicería, solo que en vez de sangre había trocitos de cristal por todas partes.
Nunca entendió por qué aquella figura había sido tan especial, por qué su madre la guardaba como si fuese oro, como si fuese su posesión más preciada. Hasta que la vio allí tirada, rota en mil pedazos, sin poder defenderse de las manos que habían acabado con ella. 

viernes, 26 de febrero de 2016

To be continued.



El cielo sonríe, hacía mucho que las nubes no pasaban a verle y las echaba de menos.
El cielo sonríe, siente el viento ondeando en su interior, como si puediese volver a respirar, como si las nubes estuviesen llenas de aire fresco. Las pequeñas gotas que traen consigo se le van pegando en su cuerpo, como si formasen parte de él, creando un figura casi perfecta que no tardará en desmoronarse.

Yo también las echaba de menos, pero no estos nubarrones grises que parecen agruparse unos sobre otros intentando demostrar quién es peor. Uniéndose entre ellos para crear un monstruo perfecto que venza a su viejo amigo. Todo se ha vuelto gris. Todo está oscuro. En cualquier momento puede estallar la tormenta. No estoy preparada. Al menos el cielo es feliz.

sábado, 9 de enero de 2016

¿Propósitos?

Yo más que de propósitos soy de despropósitos, de esas que actúan antes de pensar y que se distraen cuando ven pasar a un tío con un buen culo. (Es que hay cada uno por ahí suelto...)
Veis, no puedo estar seria ni un segundo así que, ¿cómo me voy a proponer ser seria si no lo voy a conseguir? Y esto me pasa con todo, que como me proponga hacer algo haré todo lo contrario o simplemente lo dejaré a medias en cuanto vea que me aburro un poco.
Así que supongo que este año solo pienso disfrutar y ver que pasa. Que hay que reír, una ríe; que hay que llorar, una llora; que hay que viajar, una viaja... Lo que tenga que ser será, no tengo ganas de comerme la cabeza. 
Que tengo ganas de jugar, de ver las estrellas, de bailar bajo la lluvia, de gritar en medio de la nada, de llorar de la risa, de ir a un concierto, de llorar viendo una función, de vacilar a la gente, de picarles hasta que me manden a la mierda, de saltar en paracaídas, de ir a un parque de atracciones, de viajar, de aprender cosas nuevas...
Supongo que tengo ganas de vivir.
¿Empezamos?