sábado, 2 de septiembre de 2017

Just Friends.

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Se me hace raro hablar contigo todos los días. Se me hace raro ver tu «Buenos días», pero parece que siempre ha estado ahí cuando llevamos años sin saber prácticamente nada el uno del otro. Se me hace raro volver a hablar contigo, se me hace raro volver a confiar en ti, volver a contarte mis mierdas y mis comidas de olla como si nunca hubiese dudado de ti.
Pero también tengo miedo, tengo miedo de que todo vuelva a cambiar de una día para otro. Tengo miedo de que vuelvas a alejarme y a hacerme daño por el camino. Tengo miedo de que llegue el día en que decidas que todo te vuelve a dar igual. Tengo miedo de que vuelvas a usar mis cosas contra mí. Tengo miedo y no puedo evitarlo.
Pero centrémonos en el ahora. Centrémonos en los buenos días. En las cosas de las que hablamos. En las tonterías que nos contamos, solo por el hecho de hablar de algo ese día. Se me hace taaan raro, no puedes ni imaginártelo. Pasar de no hablar a hablar por hablar, por sentir que el otro está ahí. Que te escucha y te apoya sin importar el qué.
Echaba taanto de menos eso contigo y pensaba que nunca lo volvería a tener... Supongo que el tiempo pasa y las cosas cambian. Todo cambia. Supongo que en esta nueva etapa nos volvemos a necesitar el uno al otro, luego el tiempo dirá. 

martes, 29 de agosto de 2017

Gracias.

Hoy doy gracias por esas noches hasta las mil hablando. 
Por las noches que se convirtieron en mañanas. 
Por aquellos a los que he redescubierto. 
Por las risas. 
Por las fiestas. 
Por los bajones. 
Por la amistad.
Por los abrazos. 
Por las canciones.
Por la unión.
Por los amaneceres.
Por el drama.
Por las historias que no se pueden contar. 
Por haberme abierto un poquito más. 
Por confiar. 
Por todas las primeras veces.  
Por las noches borrosas. 
Por los días dormida. 
Por los recuerdos. 
Por ti. 
Por mí. 
Por nosotros. 
Gracias.  

viernes, 19 de mayo de 2017

Ella y el Taj.

Puso un pie sobre el mármol y un escalofrío recorrió su cuerpo. Había soñado con ese momento durante mucho tiempo, había ansiado que ocurriese, nunca había imaginado que se pudiese hacer realidad.
Ya tenía un pie sobre el mármol y creía que iba a desfallecer allí mismo, pero la calma corrió por su cuerpo. Solo podía sonreír y mirar a su alrededor como si no tuviese otra cosa que hacer. Era la maravilla más hermosa que había visto nunca. Los ojos se le llenaron de lágrimas al ver cómo la luz incidía sobre el edificio. Las piedras preciosas reflejaban el sol y las hacía cambiar de color, era un momento mágico.

Nunca había pensado que con quince años llegaría a estar en la escalinata del Taj mirando embobada toda su estructura. Eran tan majestuoso que se sentía diminuta a su lado. Había oído la historia de amor que rodeaba su construcción, pero no era la historia lo que le imponía, lo que le transmitía esa emoción, era el edificio. El Taj era el que se encargaba de transmitir la magia de la historia, la calma, la emoción… Era el lugar perfecto, era incluso mejor de lo que nunca había imaginado.
Tras armarse de valor y subir todas las escaleras que conducían al rellano no pudo evitar agacharse y tocar el suelo. Estaba allí de verdad, no era un sueño. El mármol enfrió su mano y ella no pudo evitar sonreír, seguía sin creerse que se encontraba a los pies del edificio. 
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El guía finalmente hizo que reaccionase y se la llevó dentro del Taj, no era algo que esperaba encontrar y tan pronto como puso un pie en su interior olvidó la voz del guía por completo. Sus instintos la guiaron por todo el interior, tocó la pared del Taj como si nunca hubiese visto una pared en su vida — aunque en su defensa tengo que decir que la pared tenía gemas incrustadas y eso no es algo que veas todos los días — tocó todo lo que tenía a su paso, hasta que tras ver un hueco, se coló entre la gente y pasó a ver la tumba de los amantes de la historia. Una tumba al lado de otra, ambos descansando, allí en mitad de tan grandioso edificio. Unos amantes que la historia y el Taj se negaban a olvidar. 
Después de haber pasado un buen rato diseccionando su interior volvió a salir siguiendo al guía que había perdido cuando entró. Las torres eran tan majestuosas como parecían, llegaban tan alto como el edificio central del Taj y aunque todo el mundo se empeñase que el Taj solo era el centro, las torres y los edificios de al lado también formaban parte él. Estaban igual de trabajados o incluso más que el edificio principal. Tras prestar atención al guía descubrió que las torres tenían cierta inclinación hacia fuera por si pasaba cualquier cosa no cayesen hacia el edificio central. Intentó desde todos los ángulos ver ese desnivel en las torres, pero no pudo conseguirlo, no parecía en absoluto que estuviesen torcidas. 
Finalmente dirigió su vista al paseo por el que había venido. Los jardines que había recorrido para llegar hasta allí se alzaban ante ella. Las fuentes en funcionamiento salpicaban agua a su alrededor, la gente reía, corría, saltaba, sacaba fotos… Era un paraíso en mitad la nada. Un paraíso oculto para aquellos que no podían permitirse el lujo de visitarlo. 
Los indios se aglomeraban en una fila interminable para poder acceder a su interior, toda India conocía el tesoro de mármol que escondía su tierra y la visita al monumento era indispensable. Varios de ellos miraban a la chica asombrados. Una niña blanca en mitad de su monumento, con cara de asombrada y ojos llorosos. Cualquiera pensaría que lo estaba disfrutando más ella que la gente que esperaba a su alrededor. Y quizá lo hacía, su magia la había envuelto. 
Tras respirar profundamente cerró los ojos y se sentó en el suelo, toda la gente de su alrededor desapareció y se quedó allí sola, sentada, en calma, sin ninguna preocupación, sin ningún otro sitio que visitar. Solo ella y el Taj. La magia del lugar consiguió inundarla de sentimientos que no tardaron en brotar, los ojos se le fueron aguando y no tardó en llorar de emoción. Aquel lugar, su historia, el momento que ella estaba viviendo, todo. Todo floreció de repente dentro de ella y no pudo evitarlo, aquello le llegó al corazón.
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Bastante más tarde, su padre le acarició el hombro suavemente, había llegado el momento de inmortalizar la visita, las fotos se sucedieron una tras otra, una con el edificio central, otra con las torres, otra con el jardín de fondo, otra subida en una de los laterales, otra con uno de los edificios adyacentes, otra con su padre, otra  fingiendo que cogía el Taj… Y por supuesto cada foto repetida tres o cuatro veces con distintas posturas. Pero nada de eso le hizo olvidar el pequeño momento que vivió sola allí sentada, disfrutando de las vistas y de la calma que le transmitía el lugar.

Hoy he vuelto allí, he estado allí sentada de nuevo, a los pies del Taj, he vuelto a recorrer su interior, he vuelto a tocar las paredes como lo hice años atrás, he vuelto a recordar su historia, la gente que se agolpaba a su alrededor, los indios mirando cómo sonreía y daba vueltas maravillada de un lado a otro. Hoy he vuelto allí y he recordado su magia, he recordado estar bajo el umbral de la entrada y se me ha vuelto a poner la piel de gallina. He vuelto a olvidarse de prestar atención a las explicaciones del guía mientras recorría con la mirada aquel grandioso edificio. He vuelto a sentirme pequeña, he vuelto a llorar. He vuelto a recorrer los jardines desesperada por poner el pie sobre el mármol, sobre la paz que sintió al poner un pie allí. 

Hoy he vuelto allí, el Taj sigue tal como lo recordaba, ha perdido algún brillo con el paso del tiempo pero sigue igual. Sigue teniendo esa magia que lo envuelve, esa calma, esa sensación de estar en casa. Se volvían a encontrar una vez más, volvían a ser ella y el Taj.

sábado, 1 de abril de 2017

Bandera blanca.

Dicen que el camino es algo que vamos construyendo a medida que avanzamos, que no hay nada establecido y que todo puede cambiar en un segundo.

Nunca me ha dado miedo el futuro, nunca he pensado qué me depara o qué pasará de aquí a unos años. Últimamente no dejo de pensarlo.
No sé si estoy dando pasos en falso, luchando por algo imposible o por algo que simplemente no acabará saliendo bien. No sé si soy la única que lo está apostando todo.
A veces pienso que estoy siendo idiota aferrándome a algo que cada vez se vuelve más difuso, como esa pequeña nube que surca el cielo buscando un lugar mejor sobre el que caer. Otras veces creo que merece la pena luchar con uñas y dientes, dejarse la piel. 
Hoy he visto que no hay nada por lo que luchar, parece que todo estaba dicho desde un principio y que las reglas del juego habían cambiado en algún punto que no he sabido ver.
Hoy me he dado cuenta de que me he ido desgarrando poco a poco, que he perdido pedacitos de mí por el camino y dudo que vuelva a encontrarlos.
Hoy ha vuelto a doler, quizá incluso más que otras veces, pero no tengo ganas de luchar más, solo quiero dejarme ir. Para bien o para mal, ya me da igual.

martes, 13 de diciembre de 2016

Si tuviese que explicarlo...

...te diría que es como una armadura de la que no puedes escapar, es como si algo te estuviese reteniendo y por mucho que luchases no pudieses salir de ahí. Es algo que te quita cada vez más fuerzas, y sin ellas tienes que luchar contra esa coraza que te recubre. Es prácticamente imposible.

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Es como si lo vieses todo a través de un cristal negro, desde el que tú puedes ver pero nadie puede verte. Es como ver el mundo en tonos negros día tras día, todo oscuro, apagado, sin luz alguna que permita filtrar algo de esperanza. Además, es como si sólo pudiesen pasar cosas malas a través de él, esas cosas que van llenando la pecera en la que estás metido hasta que acabas por ahogarte. ¿Y cómo no convertirse en algo a lo que los demás odian si te odias a ti mismo? Odias todo lo que haces, dices, sientes, piensas... Todo está mal, no hay nada bien. Son esas cosas con las que te has ido alimentando a lo largo del tiempo y que poco a poco parecen volverse más reales. Una mentira se vuelve verdad cuando empiezas a creer en ella, dicen. Así que ahí estás, ahogándote en un montón de mentiras o medias verdades que crees a pies juntillas. Que eres así, que no vales nada y que no sirves para nada. Que nadie te puede querer, que no eres más que un chicle pegado en el zapato de alguien.

Es como ese mundo paralelo a la realidad que aparece en Stranger Things. Es ese mundo oscuro, lleno de monstruos, del que tienes que salir corriendo pero no encuentras salida. Es un mundo lleno de terror, de desesperación y de abandono. Es todo lo que esperas no encontrar nunca. Y estás allí en medio, solo, sin nada con que protegerte. Esperando, pero tampoco sabes muy bien a qué, quizá, a que pase algo, a que algo cambie, a que alguien te saque de allí. Algo. 

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Es como una página en blanco, una que tienes miedo de emborronar, de no saber si llenarla o dejarla vacía. La incertidumbre de no saber si los errores que vas a cometer en ella valdrán la pena o te arrepentirás de ellos el resto de tu vida. De no saber muy bien qué hacer con esa hoja. Dibujar. Escribir. Hacer rayas. No hacer nada. Hay tantas opciones que parecen hacerte desfallecer, tanteas todas las posibilidades una y otra, y otra, y otra, y otra... vez, pero nunca te decides por ninguna. Simplemente crees que algún día, quizá, te armarás de valor para coger el lápiz. Simplemente eso, coger el lápiz que sigue descansando en la mesa.

Es como si cogieses un libro en un idioma que no conoces y tratases de entenderlo. Es como aprender a ser de nuevo, sin pistas, sin guiones, sin ayudas. ¡Búscate la vida! Búscate la vida... si fuese taaan fácil. Y das vueltas, y vueltas, y vueltas, pero no sabes qué es lo que estás buscando, no sabes por dónde empezar. Ni siquiera sabes si tienes el libro del derecho o del revés. Vas a ciegas, lo juegas todo, no hay medias tintas; sabes que ganar es muy difícil y que es más probable que pierdas a que ganes. 

Pero ahí sigues, tratando de romper la coraza, intentando que se filtre ese rayito de luz que marque la diferencia, plantándole cara a esos monstruos que te vas encontrando, decidiéndote a coger el lápiz y tratando de averiguar cómo narices recomponerte. Y sabes que no es fácil, que a veces quieres dejar de seguir luchando, que quizá todo sea mejor si simplemente te dejas llevar por la oscuridad, pero sigues luchando. Cómo aquel que sabe que va a morir pero lucha hasta el último momento, hasta el último suspiro, hasta que la última gota cae al suelo. Aunque no se note, aunque parezca que ya te has rendido y que todo te da igual. Sigues luchando hasta el final independientemente de cuál sea. 

domingo, 30 de octubre de 2016

¿QUÉ PASA?

Necesito desahogarme, aquí y ahora.
Estoy rota y cada día lo estoy un poco más. Parece que me recupero y cuando pienso que estoy bien vuelvo a hundirme.
Me da miedo todo cuando antes nada me daba miedo.
Me da miedo el futuro, quedarme sola, no ser suficiente... Cada día que pasa mis miedos aumentan un poco más y siento que me ahogo entre ellos. Cada vez me vuelven más débil y no veo la luz al final del túnel.
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Muchas veces he pensado en tirar la toalla, en rendirme, en dejar que todo pueda conmigo y ya está. En volver a esconderme bajo las sábanas y distraerme para no pensar en nada que me haga sentir como ahora. En crear una nueva burbuja que aplaque este dolor.
Siento que estoy rota y cada día lo estoy un poco más. Me da pánico. Pánico.
¿Y qué pasa si no consigo ser suficiente?
¿Qué pasa si me quedo sola o si no tengo a nadie en quién apoyarme?
¿Qué pasa si me da miedo lo que pueda pasar?
¿Qué pasa si me acabo hundiendo?
¿Qué pasa? Porque no lo sé y me está matando.
Está acabando conmigo este puto mar de incertidumbres, de posibilidades que no tienen por qué ocurrir, pero una simple posibilidad basta para que me ponga en lo peor.
¿Y qué pasa si me boicoteo a mí misma? Si decido que es el fin y que hasta aquí hemos llegado. Que un agujero es mucho más cómodo que cualquier otra cosa.
¿Qué pasa si decido que todo da igual, que nada importa y que todo seguirá siempre igual?
¿Qué pasa?
Estoy rota y no veo cómo arreglarme.
No veo cómo echar o apaciguar esos miedos que me invaden, me atormentan y me hunden.

Y joder, me duele que metan el dedo en la llaga, que jueguen como si nada importase. Como si fuese un puto muro de piedra sin sentimientos.
¿TENGO SENTIMIENTOS VALE? Me estás hundiendo, ¿no lo ves?
Que si no eres esto, que si no eres lo otro, que si no eres lo de más allá. YA SÉ QUE NO LO SOY, DEJA DE RECORDÁRMELO.
Soy una borde de mierda, me gusta estar a mi bola y a su vez pendiente de los demás, me gusta más vivir las historias de los demás que vivirlas yo, estropeo más cosas de las que arreglo, no me fijo en las consecuencias, simplemente hago y si sale bien, bien, sino pues nada, soy un puto desastre, no puedo evitarlo.
Pero deja de decírmelo una y otra vez, no puedo ser como tú quieras que sea, simplemente no puedo.
Ya sé que hay gente espera de mí cosas que no puedo darles, pero eso no quita que no me importen y que no quiera dárselo, simplemente no puedo por cómo soy, y me haré mil líos antes de tener nada claro.
Y sí, puedo hacer daño a los demás, pero no lo hago a propósito. Piensa que si hago daño a alguien sin querer es porque antes me lo he estado haciendo a mí mucho más tiempo.
No puedo evitar ser quién soy, tanto para bien como para mal. Y ahora mismo todo me supera, todo me parece un mundo. Siento que no voy a conseguir absolutamente nada y que el mundo se me va a comer y no puedo hacer nada para impedirlo. El miedo me tiene paralizada.

(Esta entrada fue escrita el 26 de julio de 2106, pero creo que iba siendo hora de publicarla)

martes, 14 de junio de 2016

Ella y él.

Él leía a escondidas, como quien esconde un tesoro bajo miles de trampas con la esperanza de que nadie se lo quite o lo encuentre.
Ella leía por las esquinas, deseaba compartir esas historias con los demás. Conocer distintos puntos de vista, aunque tampoco les prestase mucha atención.
Él escondía el libro bajo la almohada cuando alguien aparecía y ella lo comentaba emocionada el tiempo que la otra persona se parase a escuchar. 
Ella miraba a escondidas cómo el disfrutaba leyendo.
Él la hacía rabiar quitándole el libro.
Ella gruñía y él se reía.

Un día ella se sentó a leer en el sofá. Leía su libro favorito, uno con historias del revés o con barcos que alzaban el vuelo, nunca me quedó claro. Él se sentó a su lado. La miraba de reojo. Ella era como un libro abierto. Él leía el libro en sus expresiones, sabía si le estaba gustando o no, si se emocionaba o si algo le enfurecía.
Sonrió. Y sacó un libro que había bajo el cojín. Ella estaba devorando el libro, estaba tan dentro que no se percató de lo que ocurría a su alrededor.
Él se puso a leer tranquilamente.
Ella alzó la vista y lo vio leyendo.
Él no se dio cuenta.
Ella siguió leyendo, fingió que no se había dado cuenta.
Él volvió a esconder el libro tras leer la última página.
Ella soltó un pequeño suspiro cuando acabó el libro y lo cerró.
Él le dio un beso en la mejilla. 
Ella sonrió.
- ¿Has acabado el libro? - dijo ella.
- ¿De qué libro hablas? - dijo él.

domingo, 15 de mayo de 2016

.dne ehT

He creído ver que las heridas se curaban, que el tiempo pasaba y estas cicatrizaban dejando apenas un rasguño de recuerdo.
Hoy me he fijado mejor, he visto la herida más abierta que nunca. Ríos de sangre corrían por sus mejillas, como si no hubiese un mañana. Estaba débil, algo parecía estar matándola por dentro y nadie se había dado cuenta. 
Sus días eran grises y sus noches negras, sentía que se hundía con el mundo, que la tierra podía abrirse en cualquier momento bajo sus pies y llevársela con ella. Lo peor de todo es que la idea no le terminaba de desagradar.
Irse. Caerse. Hundirse en lo más profundo podía llegar a sonar tan bien. Podía llegar a sonar tan esperanzador que incluso le daba miedo. 
Quizá es que era eso lo que necesitaba, terminar de romperse para volver a reconstruirse. Quizá esa fuese la única manera de poder seguir adelante. 

miércoles, 11 de mayo de 2016

Paper boat.

Iba a la deriva en un mar que no conocía. Un mar que parecía secarse a medida que pasaban los días, pero en el que no dejaba nunca de llover. 
El viento soplaba tan fuerte que más que surcar los mares parecía que surcase el cielo, como aquel barco perdido en la segunda estrella a la derecha del que nunca más se llegó a saber.
Estaba perdido en mitad de la nada, como quien pierde un grano de arena en la playa o una estrella en el cielo. 
No entendía aquel sitio, parecía querer engullirlo y dejar las espinas a la orilla del plato.
Parecía que se burlaba de él, como si aquella tormenta únicamente fuese una nube negra sobre su cabeza, como si todos los males estuviesen solo dentro de él.

Quizá por eso el mar se secaba pese a que lloviese todos los días.
Quizá por eso el viento soplaba tan fuerte que le hacía trastabillar.
Quizá por eso se sentía como una árbol en medio del bosque.
Quizá por eso se sentía un pez a medio comer.

El miedo lo paralizaba,  había perdido su brújula y ya no sabía adónde se dirigía. El sur mostraba los tonos oscuros del norte y el norte los tonos claros del sur, no había forma de estar seguro de hacia dónde ir. Lo que parecía una opción obvia dejaba de serlo segundos más tarde.
Era un mar de dudas, un mar de preguntas sin respuesta y respuestas sin pregunta. Era el vacío al que iban las preguntas no formuladas y las preguntas que siempre nos arrepentimos de haber hecho. Era ese tipo de mar del que no había salida si no era ahogado.

Un mar que empezó siendo un charco en el que jugaba un pequeño barquito. Y en el que se acabó ahogando.